Cadena Marisa Brugarolas

Cadena de Pensamientos

3. Experimentar nos quita del juicio bien o mal hecho. Simplemente es la curiosidad de lo que sucederá lo que nos motiva. Esta aproximación a la práctica artística nos da una libertad amplísima donde los resultados estrechamente conectados al proceso son siempre sorprendentes.
Acordamos una serie de pautas, creamos un marco para experimentar y empezamos el juego. No hay bien o mal hecho, sólo la curiosidad ante el sonido y lo que creemos silencio.

Desde hace 3 años no pongo música en casa. No es una decisión, es un hecho. Y en cambio siempre hay una gran orquesta. En este momento un cuarteto a base de frigorífico goteante, runrun y lamido repentino de gato, voces en stacatto de calle y el camión de los viernes a las 10, con intermitente marcha atrás. También está la estruendosa marea de niños padres y coches entre 8:45 y 9 en la mañana. Después sólo quedan padres y motores durante 20 minutos más, a los que se suman, dependiendo del día, el rugir de las máquinas que recogen hojas.
El coro a capella de los vecinos del fondo hoy suena con un perro y una nieta Candela. Ellos jubilados recientes de voz ronca, hablan de la misma forma a la niña y al perro.

La brillante amiga María dijo en Roma: toda esta apabullante belleza día tras día, con la capa de cotidianeidad, se convertirá en ruido, en algo que ya no veremos. Propongo el ejercicio inverso: observar los ruidos cotidianos para los que estamos sordos y traerlos a primer plano. Ahondar en la poética del sonido diario superpuesto a capas de música (quizás esto lo puedes dejar un poco más sencillo claro… no sé si es posible). Lo que consideramos interferencia no es más que otra capa sonora.

Escuchamos en quietud el paisaje sonoro de un instrumento. Danzamos en la huella que nos deja cuando el sonido ya no está. Y a su vez, el sonido comienza sobre la huella de nuestra danza cuando ésta ha cesado.

No puedo interpretar la música porque no me interesa. No quiero añadir nada a lo que la música ya es. Por eso convivo con ella como con el espacio o con otros cuerpos. Son parte del entramado en el que existimos. Me sostienen como lo hace el aire o el suelo, al tiempo que yo también intervengo en ellos. John Cage decía: En mi música, mi intención ha sido no obligar más a nadie a sentir en una forma particular. El sentimiento está en cada uno de nosotros, no en las cosas exteriores. Me adhiero. Necesito estructuras abiertas donde no estoy obligada a sentir algo específico.

Ofrecer estructuras como marcos de experimentación. Agitar la mano por el puro hecho de agitar, sin la connotación del signo. Y si el signo es tan obvio, agitarla en momentos tan dispares que finalmente el signo pierde su significado. Desde hace dos años conduzco en la autovía con las ventanas bajadas y dejo que entre el estruendo del mar de coches. Es el antídoto para altas dosis de supuesto silencio.

Marisa Brugarolas